¿Qué es la magia?

La magia siempre está, no debemos buscarla fuera, si no dentro de nosotros mismos donde la tenemos normalmente dormida. La magia realmente es la maravilla de la vida, nos conecta con la juventud, con el camino y el sendero que todos tenemos dentro nuestro y en el que realmente no confiamos.

 

La magia son las conexiones de las energías motrices del Universo y de los cuatro elementos fundamenta­les: fuego, oxígeno, tierra y agua. Ex­cepto el aire, porque es la mentira, y la magia es el fluir de la energía, por lo tanto, es verdad.

La magia es el sendero de la alegría, de la ilusión, de la juventud, de la transmisión. No tiene nada que ver con la brujería. La magia es el despertar a la juventud, el placer de vivir desde lo sutil, desde una armonía inalcanzable pero existente en el Universo.

Ser mágicos es ser seguros de nosotros mismos. Esto nos lleva a desempeñar grandes labores en la vida, desde la alegría, el bienestar y realmente desde la juventud. Lo que nos ocurre realmente es que estamos tan desconectados de nosotros mismos que no podemos darnos cuenta de que la magia realmente está dentro nuestro, lo que pasa es que no la hemos explotado.

 

¿Cómo nos puede ayudar la parte eso­térica y energética?

Somos un 50% masa y un 50% energía. La masa se mueve por la lógica y el cuerpo físico, luego tenemos una propulsión de energía sobrante muy vincu­lada con el sentimiento, que a nivel externo es toda la parte de energía, nivelada por un universo energético (no físico y tangible) y en este mundo es donde se encuentran las magias.

Tenemos que ver que la vida es un bi­nomio de la acción y de la materia­lización. La acción la pone el cuerpo y la materialización nuestra parte energética. Tenemos que fusionar ambas porque predominando una, iremos cojos. Tenemos primero que traba­jar una cosa, intentando también cambiar conductas en nuestro movimiento, en nuestro avance, en nuestro saber estar. Es importante que no nos olvide­mos que tenemos un cuerpo, que tenemos un pensamiento y que realmente solo nosotros so­mos los dueños de nuestro destino.

 

Hay veces en la vida en las que una persona ve su inteligencia mermada y siente que no consigue realizar su capacidad, pierde el rumbo. La inteligencia fracasa cuando no es capaz de ajustarse a la realidad, de comprender lo que pasa, cuando desaprovecha las oportunidades, cuando decide amargarse la vida. Con frecuencia las circunstancias, las experiencias, limitan los recursos intelectuales de una persona, su capacidad para enfrentarse con la vida.

La inteligencia bien dirigida permite resolver problemas y salir bien parados de la situación en que estemos, ser felices.

 

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